El pato de los torrentes, la joya patagónica perseguida por un biólogo

Con sus fuertes patas, el pato de los torrentes no solo es capaz de nadar en los ríos de montaña, sino también aferrarse de las rocas y pararse, a pesar de la corriente. (Gerardo Cerón)

Publicado en Clarín.com
«El 70 por ciento del tiempo de mi trabajo me la paso haciendo lo que haría cuando estoy de vacaciones», cuenta Gerardo Cerón. No es poco. Disfrutar de la actividad laboral debe ser una de las metas más codiciadas por los profesionales del siglo XXI. La respuesta a cómo llegó a ser tan afortunado tiene su origen una década atrás, cuando era apenas un estudiante de biología en la Universidad del Comahue y una profesora le propuso investigar un tema: el pato de los torrentes.Por él, Gerardo puede pasar semanas viviendo en una carpa en el medio de la montaña para estudiarlo. ¿Qué tiene este plumífero para captar tanto su atención?

Merganetta armata (tal es su nombre científico) es un pato único en la cadena evolutiva: por fuera, se puede ver un ave de mediano tamaño, más bien pequeña, que presenta llamativos colores. Pero evolutivamente hay algo que la hace única: «Es el ave mejor adaptada en todo el mundo a vivir en ríos y arroyos de aguas rápidas. Soporta las fuertes corrientes mejor que cualquier otra ave en el mundo y puede bucear en ellas», explica Cerón. Taxonómicamente es el único representante del género Merganetta. Aunque le sobran títulos, es una especie poco conocida se encuentra amenazada de extinciónen Argentina y en otros países donde habita.

El pato de los torrentes es, según cuenta Cerón, un objeto de estudio muy interesante. Este joven investigador del Conicet de 30 años le dedica su vida: puede estar días a la orilla de un río para encontrarlo. Y, si bien disfruta de su trabajo, quedaba un 30 por ciento por explicar de la parte que no considera vacaciones: «Me pasó de todo tratando de anillarlas. Me enfermé por meterme al agua a diez grados bajo cero en invierno con 90 centímetros de nieve, dos centímetros de hielo debajo de las rocas… Me fisuré una rodilla y fuí arrastrado por el río más de una vez», cuenta.

De hecho, para ver al pato por primera vez tuvo que esperar siete meses, saliendo a buscarlo dos veces por semana. Ahora, en cambio, lo encuentra mucho más rápido, y ha desarrollado estrategias para estudiarlo in situ.
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